jueves, 7 de noviembre de 2013

Chip como documento de identificación



Tal vez sólo la población más joven entenderá el sentido de este fenómeno y lo aprobará. Se trata de implantar de forma rápida e indolora un chip del tamaño de un grano de arroz en la mano o la frente del ciudadano como documento de identificación en los Estados Unidos de América.

Ya en su momento el presidente Clinton había previsto este método con las llamadas “Tarjetas rápidas”, que eran algo externo. Ante una serie de impedimentos –posibilidades de clonación de la tarjeta y el coste que supondría la estafa con ella- se decidió estudiar y profundizar más algo que pueda ser insertado directamente en las personas. Después de una larga investigación se llegó al chip del que todos los ciudadanos norteamericanos hablan últimamente. Esto no es ningún rumor sino una ley que entró en vigor en el mes de marzo y abril del presente año. El DNI, el historial médico e incluso las tarjetas de crédito podrán ser transportados por las personas bajo su propia piel con sólo implantarse este minúsculo chip.
Para empezar, las ventajas de este pequeño chip no son sólo su reducido tamaño -no más grande que un grano de arroz- sino también que al ser implantado bajo la piel no puede perderse y se evitarían costes de renovación cada cierto tiempo. Además, las señales captadas por este elemento serían utilizados por la policía en casos de secuestros o desapariciones para localizar a las personas vía satélite. 

Por contra, tener algo electromagnético en la piel es antinatural y probablemente muy nocivo. En principio esta forma de identificación será obligatoria. Esto ha dado lugar a la existencia de  protestas y movimientos en contra en los Estados Unidos.  La consecuencia de la rebelión a la implantación en una persona conllevaría el quedarse fuera del sistema. Es decir, si no dispone de él simplemente uno no existirá para el sistema, no tendrá derecho a asistencia sanitaria, no podrá comprar ni vender porque el dinero físico dejará de existir, siendo sustituido por el dinero electrónico; no tendrá derecho a educación, no dispondrá de documento de identidad y por tanto no podrá viajar, etc. Tampoco debemos olvidar que todos nuestros datos personales y movimientos quedaran guardados en el sistema y esta forma de espionaje va en contra de los derechos humanos. Por no hablar de que es obvio que el último fin de estos microchips es nuestra seguridad y comodidad.

En conclusión, opino que tomar la decisión de tener un documento de identificación en forma de tarjeta o de chip debería estar en manos de cada uno de nosotros. Por mucho que se diga que no es del todo obligatorio, privando a los ciudadanos de la asistencia médica y la educación, entre otras cosas, se consigue obligar indirectamente a todos ellos a utilizar esta nueva manera de formar parte de la sociedad.

1 comentario:

Teresa dijo...

Está perfecto, Ivana, muy bien redactado, muy completo, ordenado y claro y con estilo rápido y agradable que facilita la lectura.