viernes, 24 de enero de 2014

Estado y Govern, una historia de amor

Había una vez, dos niños que jugaban en un efímero trozo de tierra. Uno se llamaba Estado, y el otro, se llamaba Govern. Govern, era un jovencito con ideas brillantes, con ganas de trabajar, y bastante hábil con los negocios. Estado, vivía estancado en un pasado que le habían impuesto sus antecesores. Govern siempre pedía al Estado que escuchase sus propuestas para hacer más entretenido el corto período que duraba el recreo, pero este, siempre hacía caso omiso de sus peticiones. Por los alrededores de esta efímera porción de tierra, habían otros chiquillos, Eusko Jaurlaritza, Xunta,... Anteriormente, estos también pidierón a Estado que eschuchará sus propuestas, con, eran claramente, de razonable comprensión, ya que aportaban nuevos horizontes recreativos. Estado, se aseguró de que no le molestaran, ofreciendoles a cambio, un puñado de canicas y una dieta basada en chucherias difícil de rechazar. Govern, se mostró más reacio a esta petición. Los mayores, como EU, pusieron en entre dicho las transacciones evidentes, y el tráfico de influencias al que eran sometidos los niños pequeños por parte de Estado, pero nunca se mobilizaron al respecto.
Pasaron los días y, Estado, una mañana, se levantó con un espíritu más dialogante que nunca. Empezó a prometer a Govern que escucharía sus propuestas, las estudiaría, y estaría encantado de emplearlas como una bala para tirotear el aburrimento que suponían esos cuatro largos años de poder en el recreo. Al final, como tantos proyectiles, quedó en la recamara, y ahí, desapareció. Govern, cada día, se mostraba más molesto contra Estado, y un murmuro interior, le sugería que a lo mejor sería hora de buscar nuevos amigos. cuando Estado se enteró, no quiso dejarlo marchar, ya que era su principal fuente de inspiración, la química del cerebro de Govern, le hacía mantener el respeto y acontentar a los otros niños.
Govern ya no estaba para juegos, había perdido la fe en la pseudo-democracia del descampado.
Un día, al levantarse, recordó un caso que había leydo sobre un compañero de fatiga, Scotland, el cual era extrangero, por supuesto, y se empeñó a reclamar lo que era suyo. Govern organizó, a escondidas, una especie de votación secreta, en la qque preguntaba que juegos prefería, los suyos, o los del matón de turno. Estado lo prohibió. saltó a la yugular de Govern, y detrás suyo, todos los que Estado había comprado, aunque no todos los compañeros estubieron de acuerdo.
Govern aún espera. recuerda una frase que le dijeron hace mucho tiempo, que la mediocridad, se alcanza cuando uno es demasiado realista. Govern no es mediocre; Govern es INDEPENDENTISTA.

1 comentario:

Teresa dijo...

Chapeau, Bernat, toda la imagen está muy bien ligada y el vocabulario que empleas es muy adecuado. Tienes unas cuantas faltas de ortografía que afean un poco el trabajo (moVilizaron, extranJero) pero, muy poquito porque realmente, el trabajo ha sido magnífico y original.