domingo, 9 de febrero de 2014

¿ENTENDEMOS LO QUE LEEMOS?




El ser humano, el homo sapiens, se caracteriza por la curiosidad, la racionalidad, el afán de la ventaja moral por encima de cualquier otra especie o semejante. El hombre observa, atiende, investiga,… ¿Pero sus horizontes están realmente preparados para abarcar tan distintas posibilidades de la realidad?

El hombre moderno, cree que puede hallar una explicación clara y concisa, a cualquier fenómeno que pueda ocurrir en el día a día. La ciencia, las matemáticas,… son constantemente usadas para intentar ofrecer un alivio a la consciencia, a la intriga, de la mente del elemento pensante. Entonces, ¿qué ocurre cuando aparecen hechos que no podemos demostrar, imaginar, o, sencillamente, creer?  

A medida que la sociedad, valiéndose del progreso, “avanza”,  la consciencia social i particular de las personas, sufre un proceso regresivo, un proceso de atrofia. Nos estamos acostumbrando, mejor dicho, nos estamos dejando acostumbrar, a que se resuelvan nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes con solo dar un clic. Estamos reservando nuestra capacidad para aventurarse en los confines del conocimiento, para unos pocos, los cuales puedan aplicar teorías que se conjeturen en leyes. Justo en este momento, perdemos nuestro poder de abstracción. Perdemos la forma, el método de poder buscar por nosotros mismos una idea, un concepto de ese objeto, materia,… que queramos interpretar.

Por lo tanto, ¿cómo podemos entender lo que leemos, si ni siquiera pensamos en ello? Nos contentamos sabiendo que alguien da una respuesta a esa inquietud que tenemos, y nos sentimos incluso asombrados cuando la recitamos en voz baja, aunque probablemente, no lleguemos a entender que significan esas palabras largas y confusas que se asemejan más a nombres de ciencia ficción, que otras que puedan guardar alguna lógica.     

En la mayoría de los casos, no entendemos lo que leemos. Hemos reservado una posición a nuestra imaginación, que se esconde detrás del conformismo. Solo que intentásemos abrir un pequeño agujero de gusano dentro de nuestra mente, podríamos empezar a ver lo invisible, a creer en lo imposible, a vivir lo invivible. No estoy hablando de entender, porque ¿que razón tiene conocer el funcionamiento de cualquier fenómeno, cuando lo podemos vivir?

«No existimos a menos que nos sintamos profunda y sensualmente en contacto con lo que puede ser tocado, pero no conocido»
D. H. Lawrence (1885-1930)

1 comentario:

Teresa dijo...

Bernat, en este texto vuelves a caer en tu trampa personal que es la de decir cosas bonitas que no tienen realmente sentido. Te emborrachas de grandes frases y palabras y estableces relaciones entre conceptos que no están relacionados. El resultado es que no te entiendo porque no dices con claridad o no dices nada, por muy bien que suene.Qué paradójico que, en este texto, tenga que responder al título de tu trabajo con un ¡No, no entiendo lo que leo!