domingo, 23 de febrero de 2014

¿Es justificable el suicidio?

Todos nos hemos preguntado alguna vez qué sentido tiene quitarse la vida. Y es que observar cómo una persona rebosante de salud toma esta decisión nos parece una locura. Habitualmente, el suicidio está motivado como fuga y liberación de un estado de angustia o como acto de desesperación. Otras veces el suicidio se entiende como gesto agresivo contra personas como padres, el hijo o hija propios, presuntos culpables del sufrimiento. Hoy sorprende la poca o nula importancia de los motivos: una mala nota en el colegio, la primera desilusión amorosa, un reproche de los padres... ¿Es posible, o mejor dicho, es correcto que por cosas de tan escasa importancia haya de privarse de la vida?
                       
Ante una situación en la que alguien quiere suicidarse, la psicología y la filosofía buscan respuestas a esta pregunta. La reflexión va estrictamente ligada a los fenómenos sociales y culturales de nuestro tiempo ya que cambian la imagen que uno tiene de sí. En el mundo globalizado en el que nos encontramos, ya queda más que claro que quien no es talla 0, rico y social pertenece a un grupo de más baja categoría. A pesar de que acto seguido surjan multitudes que intenten desmentir esto y cambiar la sociedad, en nuestro interior siempre está presente la imagen de aquello que nos falta para ser “felices”. Los suicidas llevan esto al extremo y no se limitan a pensar qué les falta para disfrutar de su vida, sino que deciden sencillamente poner fin a su vida.
Ciertamente, se podría objetar que una persona que desea morirse simplemente no está bien de la cabeza, y que su comportamiento irracional es injustificado. No obstante, tener deseos diferentes a la mayoría no es estar loco. No tiene sentido considerar este acto como consiguiente a un problema mental porque realmente desear morir es igual de irracional que desear vivir. Es obvia la inexistencia de cualquier mención que pudiera hacer al suicidio asistido, la eutanasia, por su clara finalidad de acabar con el sufrimiento de una persona hospitalizada en estado grave. Si lo hacemos con los seres animales sin tener ningún escrúpulo no veo lugar a discusión.
A su vez, el argumento religioso de que Dios y sólo Dios tiene derecho a darnos y a quitarnos la vida quedaría refutado matizando que, en tal caso, también Dios y sólo Dios promete una vida sin sufrimientos. Está a nuestro alcance ver la cantidad de personas que hoy en día malviven en la calle o no tienen trabajo, o tienen la vivienda hipotecada o embargada o todas las anteriores juntas, no está precisamente a gusto con la vida. ¿Eso significa que Dios les ha dado la espalda? ¿Dios bondadoso tiene derecho a hacer esto? Creo que la respuesta a este argumento es evidente.


En breve, personalmente estoy en contra del suicidio por todos los contraargumentos anteriores. No obstante, opino que es imposible cesar este fenómeno dramático pero podría controlarse. En el contexto de un Estado de Derecho, el suicida debería ser examinado por un juez o un psicólogo antes de que se le concediera el permiso para suicidarse. También sería razonable que se le intentara convencer de que puede disfrutar de su vida si se lo propone, pero, una vez hecho esto, ¿qué razón hay para impedirle que sea él quien ponga el punto final a su existencia?


1 comentario:

Teresa dijo...

Muy bueno, Ivana.