lunes, 3 de marzo de 2014

El suicidio

No existe asunto con el que le de más vueltas a la cabeza. 

"¿Tengo YO derecho a decidir sobre mi vida?"

En una sociedad en la que es habitual el creer que podemos hacer lo que queremos con nuestros cuerpos y vidas, esto genera un fuerte debate. Y es que, por el momento, nuestra libertad es "libertad" hasta un cierto punto.

Métodos como la eutanasia, sobre la cual hablamos ya el año pasado, no se pueden aplicar en nuestro país por ley. El suicidio, asimismo, está también muy mal visto en general, pues a mi parecer despierta muchos prejuicios y opiniones entorno a la vida del fallecido, opiniones y seguramente mentiras que corren de boca en boca  sin cuidado alguno. 

Y, por desgracia, eso es lo que nos falla a las personas, como personas que somos. 

Bien, allá voy. 

En mi opinión, el suicidio, o la autodecisión de poner fin a nuestra vida, no merece una concepción tan sumamente aterradora, por decirlo de alguna manera. Es decir, no comparto la voluntad de aquellos que se suicidan, pero cada cuál, al fin y al cabo, es dueño de sus actos, hasta el punto de costarles la vida. 

He dicho que no compartía la idea de suicidio, y no lo hago por el siguiente motivo. 

Creo que las personas a las que se les pasa por la cabeza suicidarse tienen un gran problema, más allá de aquellos que les causan ese inminente deseo. Quizás suene un poco ingenuo, pero todo el mundo debería intentar buscar, encontrar y sacarle jugo a la vida, pese a que parezca que estemos en un callejón sin salida o que no hay luz al final del túnel. Y... No; la luz no está en la muerte. 

Deberíamos pensar que, a partir del momento en que nos vamos para el otro barrio, hablando en plata, nunca más podremos disfrutar de este mundo en que vivimos, de la familia o de los amigos. Me cuesta pensar que se puede "no tener nada", incluso diría que siempre hay algo por lo que merece la pena seguir adelante y luchar. 

Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante de un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio. 

"Diós no nos pone pruebas que no podamos soportar", que se dice... 

Así que adelante. 

1 comentario:

Teresa dijo...

Más bien había oído que Dios aprieta pero no ahoga. Buen trabajo.