sábado, 24 de octubre de 2015

¿ES LÍCITO QUE EL ESTADO ACCEDA A NUESTRA PRIVACIDAD EN INTERNET?

En este mundo tan dirigido y gobernado por las máquinas: ordenadores, smartphones, Internet… dependemos directamente de los grandes servidores de Google, Facebook u otras redes sociales. Tenemos cuentas bancarias, direcciones, números de teléfono y los sitios web que más solemos visitar. Los smartphones de Android sincronizados con Google gracias al sistema GPS son capaces de aprender donde vives, donde trabajas e incluso los lugares que más frecuentas, y se aprovechan de ello: te dicen los horarios de trenes que te convienen para ir a trabajar, dónde tienes aparcado tu coche o las últimas noticias del bar que más te gusta. Un claro ejemplo de esta falta de privacidad es la campaña (que nunca se puso en práctica) de Amazon, el gigante de ventas on-line. Un grupo de estadistas contratados por esta empresa llegó a la conclusión de que como ellos sabían qué productos habías buscado y qué productos no habías comprado podían llenar los camiones con dichos productos y llamar a tu casa ofreciéndote los productos que te habían interesado. Si los comprabas, bien, y si no lo hacías, pues simplemente se devolvería al almacén de dónde hubiesen venido.

Los grupos terroristas se publicitan con mensajes subliminales en internet y captan más combatientes y criminales gracias a las redes sociales. ¿No se podría evitar el crecimiento de las organizaciones terroristas como el E.I. o Al-Qaeda si hubiera alguien que controlase las cuentas de la gente en Internet?

La respuesta es sí, se podría. Es más, se hace, pero tiene un gran inconveniente: los humanos somos seres racionales y como tales siempre acabamos cayendo en la tentación y nos dejamos llevar por los sentimientos. Esto quiere decir que tarde o temprano el encargado de estas operaciones destinadas a evitar crímenes y delitos terminaría sucumbiendo a la curiosidad y al cotilleo (o incluso podría llegar a robar las cuentas bancarias de otras personas) y en ese mismo instante dejaría de ser útil su trabajo.

Un robot, un androide con inteligencia artificial que no cometiera nuestros errores humanos sería capaz de encargarse perfectamente de este trabajo. No podría corromperse. No se le podría sobornar y no usaría su posición aprovechándose en su propio beneficio.


Es por eso que los humanos no podemos realizar este tipo de trabajo sin cometer errores “humanos”. Aunque, claro está, este tipo de problema podría exportarse, también, a otros muchos trabajos sociales como los cargos políticos o la policía.

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