viernes, 23 de octubre de 2015

Sobre el derecho de los estados a acceder a nuestros datos a internet



Es cierto que en la actualidad, con el uso de internet y de las nuevas tecnologías, asistimos a una gran publicidad de datos, poniendo en duda hasta que punto nuestros datos personales son privados. Es un tema en que deberíamos estar alerta. El terrorismo y el interés por el intercambio de datos personales que fluye por las redes sociales pueden hacer mucho daño.
Vivimos en una etapa donde la tecnología es la base de todo. De cada pregunta que uno se plantea, de cada duda que uno tenga, encontrará la respuesta en Internet. Buscamos información, introducimos datos personales, subimos fotos, vídeos… ¡Nuestras vidas están colgadas en las redes sociales!
Este tema me abrió los ojos cuando leí en el periódico el caso PRISM. Entonces pensé que si uno sabe más o menos (a través de las fotos que sube al Instagram o los chats que uno abre para preguntar sobre su salud y su plan de vida des de Facebook) la vida de su amigo que vive a cinco horas de tu casa y que ve dos veces al año, ¿Qué sabe un estado respecto al otro? Aquí ya hablamos de dinero, de grandes masas de dinero, aquí intervienen otros factores más importantes que la fiesta que hizo mi amigo sin que me invitase, como el factor político, social y económico de un país.
El espionaje está en todo lo alto, hace poco dio a luz un caso muy importante en cuanto al derecho de los estados a acceder a nuestros datos, el PRISM. Se trata de un programa de EEUU que permite a este núcleo acceder a la información que subimos a Internet, pudiendo conectar con los grandes programas como Facebook, Google o Microsoft. Pues resultó que el Gobierno de los Estados Unidos espió mediante el programa PRISM a los usuarios de Facebook, Google y Microsoft a través de los servidores de estas empresas. De este modo, podían conseguir material como correos electrónicos, transferencia de archivos… Ese caso me hizo preguntar hasta qué punto los países pueden hacer o están haciendo con nuestros datos personales, pasando desapercibidos.
Subimos a internet una cantidad de datos personales y de información que convierte en preocupante la vigilancia de las comunicaciones que practican los gobiernos.