miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL ESFUERZO COMO VÍA PARA EL PROGRESO

Hay quién dice que estos últimos años, la educación está llegando a un estado no deseado. En parte, muchos acusan al poco empeño que ponen algunos nuevos profesores a la hora de enseñar a la nuevas generaciones. Por otra parte, se cree que la presencia de los recursos informáticos ha reducido el nivel de presencia del docente en las aulas.

En primer lugar, yo creo que el empeño que pone el profesor a la hora de hacer su trabajo es indispensable. Sin él, la educación no tienen sentido. Su función es esencial, puesto que las personas que en un futuro, llevaran las riendas de nuestra sociedad, tienen que estar bien educadas y concienciadas de que su papel es fundamental para el progreso de la humanidad. Una juventud que no puede pensar por sí sola, conlleva a que la clase dirigente pueda manipularla fácilmente, como si fueran muñecos de barro. Como ejemplo, debo destacar la sociedad española a finales del siglo XIX: en aquella época, había casi un setenta por ciento de analfabetismo entre la población. Este hecho propiciaba que los que gobernaban en el país, en este caso, los dos principales partidos dinásticos, el partido liberal y el conservador, dominaran el parecer de los ciudadanos mediante el fraude electoral.

Dicho esto, me gustaría mencionar que la cultura del esfuerzo en las aulas está siendo menospreciada últimamente, no tan solo por los alumnos, los cuales cumplen la ley del mínimo esfuerzo, sino también por algunos docentes. Evidentemente, no se puede generalizar en este aspecto, dado que la gran mayoría del profesorado cumple con su deber de enseñar debidamente y por todos los medios posibles. Sin embargo, existen casos de profesores que tienden a mirar por su propio bien y no por el de sus alumnos. Para ellos, es más importante su comodidad, ganar un sueldo y vivir sin complicaciones mientras que no ponen ningún esfuerzo en su labor educativo. Probablemente, este tipo de profesores, son ex-alumnos sin una clara visión de futuro y que, por escoger una carrera universitaria, optaron por alguna con la nota de corte baja y que no conllevara un gran esfuerzo.

En tercer lugar, hay que destacar el papel de las TIC en el mundo de la enseñanza. Es evidente que su presencia ha propiciado una mejora en el ámbito educativo, por lo que hace a los recursos. Hoy en día, la búsqueda por Internet, a la hora de hacer algún trabajo, por ejemplo, resulta más cómoda que anteriormente. Sin embargo, dada la aglomeración de información, muchas veces tendemos a creer y a usar informaciones que tienen un origen dudoso y que no suelen ser muy contrastadas o  veraces. Además, pueden darse casos en el que un docente se vale de los avances tecnológicos para minimizar su trabajo y su esfuerzo en las aulas, lo cual resulta negativo, puesto que insta a los alumnos a hacer lo mismo a la hora de trabajar pensando que con la ayuda de Internet, su rendimiento seguirá estando en los mismos niveles.



En conclusión, hay que destacar que para que una sociedad progrese adecuadamente y tenga los recursos suficientes para poder afrontar el porvenir, es de vital importancia el papel del profesorado, el cual tiene que estar motivado para su trabajo y tener un mínimo de competencia para poder llevarlo a cabo. La solución proviene de las raíces, puesto que si un profesor no ha tenido una etapa académica significativa o de consideración, su entrada en el mundo de la educación debería de estar vedado. Al fin y al cabo, los que pierden son los alumnos y, en consecuencia, la sociedad y las generaciones venideras, que tendrán que pagar el precio de una mala formación académica. Está bien que los alumnos y los profesores utilicen las TIC en las clases, pero no por ello, dichos recursos deben de ser una sustitución de los anteriores, tiene que ser una ayuda complementaria, que fomente la implicación de cada uno de los miembros del sector educativo para que nuestra sociedad tenga unas buenas bases y pueda sobrevivir a tiempo difíciles.  

No hay comentarios: