domingo, 14 de febrero de 2016

Cruda realidad

LA MORALIDAD DE LA SOCIEDAD 

Porque no todos importamos lo mismo.

Es difícil asimilarlo, pero es así. Según el artículo de Arturo Pérez Reverte, la moralidad de la sociedad actual se ha echado a perder. No todos lo aceptamos tal como es, incluso hay muchos que lo niegan pero la opinión del señor Pérez está muy acertada. Realmente la gente no se da cuenta del daño que puede alcanzar una simple y corta palabra. Esta acción se llama ofender. Pero antes de meternos en el tema del acoso escolar quería, resaltar unos aspectos sobre la definición de ofender. Según la R.A.E. la definición de ofender es: 
  1. tr. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos. 
  2. tr. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. 
  3. tr. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.  
  4. pron. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

Si nos fijamos, las definiciones otorgadas a esta acción van en una única dirección. La de herir la autoestima u otro objeto o persona que tiene una cierta importancia en la vida del ofendido. Si aún nos fijamos más, hay un detalle de que estamos omitiendo y que es vital para entender bien el concepto de insulto, ofensa... Y es que para que haya un ofensa, hay que haber una palabra o conjunto de ellas que nos hace sentir identificados y que esa identificación sea de carácter peyorativo. Dado este matiz podemos afirmar que no existe ofensa si no hay identificación alguna con el sujeto dela ofensa. E.g.: Si sé que mi madre no es prostituta, el insulto tipo "hijo de p***" no me afecta por lo tanto no es un insulto. Que quiero decir con ese ejemplo. Que hay que quitar la importancia a los insultos y no hacer caso, porque si no, estamos en el caso de identificación y por lo tanto nos hace daño. 
Por contrapartida, no significa que esté a favor de las ofensas. ¡Ni mucho menos! Lo que quiero decir es; Que la raíz del acoso escolar es cuando el sujeto tiende a dar importancia a las ofensas y por lo tanto los ofendedores prosiguen para que esta tendencia tienda a la alza. Siempre se ha dicho que no hay mejor insulto u ofensa que el menosprecio. Es decir, que lo mejor que puede hacer un sujeto es mostrar impasividad a los insultos y como consecuencia hay un cese gradual a corto plazo de los insultos. 


Referente al cyberbulling, lo mejor que se puede hacer un acosador que está en la situación límite, es denunciar por vía redes sociales. Hay que añadir que en las redes sociales hay por ley, un espacio donde la gente puede denunciar dichos sucesos. Esto se rige por un protocolo, que no es el óptimo para estos problemas. Este protocolo da primero la voz de alarma a los analizadores, para determinar si es cierto a primera vista lo que el denunciante denuncia. Luego se pasa en manos de la policía y se prosigue con la investigación para dar salida a este problema. 


También estoy de acuerdo con el texto de Arturo sobre que la eficacia para tratar el problema del bulling de la chica, que es una entre miles, por parte de la docencia es pésimo. Hay un pequeño refrán que dice: "Un buen profesor enseña valores no lecciones de un libro". Esto quiere decir que los profesores deberían hablar más con los alumnos individualmente y colectivamente para dar conciencia sobre esta lacra que ha infectado las aulas. Me reafirmo, que si hubiera una mayor intolerancia a la falta de respeto, el bulling descendería en picado

Por último, quiero añadir otro viejo refrán que en numerosos libros ha salido, que es el siguiente: "En la escuela se enseña las lecciones y en casa la educación". Gran parte de problema nace aquí, los padres deben infundir el respeto a cualquier persona sea quien sea independientemente de la clase, género, etnia, color de piel sea. Porque si no se enseña en nuestros hijos el que es el respeto, tarde o temprano acabaran en problemas como el bulling o la agresividad hacia cualquier persona. Este aspecto se se cuida en nuestras casas por eso se debe emprender acciones ejemplares, para que el respeto se lo último que se pierda tras la dignidad. 



Para concluir, el caso de esa adolecente es una entre más casos de bulling. Para erradicar, esto se debe enseñar los valores en los ámbitos de familia y escuela. Porque hay vidas en juego y con eso no se juega. La sabiduría popular siempre nos lo ha enseñado, pero a fin de cuentas. ¿Quién tiene la culpa?

1 comentario:

Teresa dijo...

También muy buen trabajo el tuyo, Agapito, diferente a los otros pero bueno al fin. Has sido más estructurado y racional y tocas diferentes aspectos del problema adentrándote paulatinamente en los círculos más cercanos al acosado: de las redes sociales a la familia. Muy bien, Agapito.