martes, 16 de febrero de 2016

Demasiado tarde para aprender




Yo, hombre de ciencias puras y tecnología, incapaz de leerme una novela de más de ciento cincuenta páginas por causas de somnolencia, sinceramente, me ha asustado el hecho de tener que leer este artículo. Pero, nada más ojear el título y conociendo al mismo Arturo Pérez-Reberte, no podía fallar.  Mis ojos se han humedecido al recorrer las líneas de este artículo, hecho  público el 25 de enero del 2015. Comparto la expresión, me ha dejado tocado y hundido.
Mi mente estaba acostumbrada a ver tragedias como esas en el cine y, de repente, descubrir esta tragedia, que va más allá de las películas, me ha causado impacto en el cerebro. Todavía ahora estoy pensando en Carla, esa pobre chica que quiso marchar de esta vida, tan pesada para algunos, para llegar a volar y alcanzar el cielo, que tan lejos le quedaba de su hogar.
Creo que somos incapaces de imaginarnos algo parecido a este caos cerca de nosotros; me extraño al pensar que son hechos reales, ¡que hijos de puta! Sabemos que existe este peligro, este juego para algunos, pero desconocemos lo que uno puede llegar a soportar. Somos así, no tenemos explicaciones para hacer lo que hacemos hasta que ya no podemos dar marcha atrás. Entonces todo son lágrimas, frases y fotos con esa persona que acabamos de perder. Tan fácil que resultaba decirle unos “Buenos días Carla, ¿qué tal el fin de semana?” o un tan solo “Carla, ¿puedes echarme una mano?” simples expresiones que hacen sentir de uno algo más que un objeto, algo más que un pedazo de carne. Tenemos sentimientos, tememos expresión, sabemos perdonar, ayudar, sonreír, amar… ¡pero vaya, hombre! ¡Si compartir es vivir! ¿Por qué no hacemos el bien y nos despreocupamos de estas crueldades que sólo sirven para causar temor y perder las ganas de seguir luchando? Pues muy sencillo, no estamos solos en este mundo y no todos vivimos absorbiendo estimación y aprecio hacia otras personas, parte de la humanidad vive del odio y de la crueldad, haciendo daño a alguien para conseguir las cinco risas de sus tristes cinco amigas, como si fuera un circo. ¡Por Dios! Pero la vida es así, como decía en el principio de mi redacción, vivimos dentro de una película: hay introducción, hay trama y hay desenlace; hay buenos y hay malos; hay tristeza y hay felicidad.
¿Y si pasamos estos antónimos complementarios a antónimos graduales? Seguro que el mundo sería mucho mejor.

1 comentario:

Teresa dijo...

¡Uy, uy, uy, este chico de ciencias que se pasa a las metáforas lingüísticas! Como me dijiste por el pasillo, este texto consiguió llegarte y se nota en tu comentario: Has conseguido una redacción mucho mejor que otras anteriores porque esta vez tenías qué decir (a ti que te gusta la música lo entenderás fácilmente si piensas en cuán diferente suena la música sentida). Buen trabajo.