martes, 23 de febrero de 2016

"Esas jóvenes hijas de puta": buen título para este artículo.

Si algo caracteriza a Arturo Pérez-Reverte es que habla de los asuntos sin tapujos, como debe ser. Él mismo en su blog cita la frase: "Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen", una frase muy adecuada en las circunstancias que nos encontramos, ya que la libertad de expresión queda, muchas veces, limitada por los que mandan.

Centrándome en el texto, ya era hora que alguien ponga los puntos sobre las íes. No me sorprende el hecho del bullying, me sorprende que la gente se sorprenda. Todos en nuestra vida hemos visto o hemos conocido algún caso de acoso escolar, pero sólo nos preocupamos cuando la vícitma se trata de uno mismo y sólo nos escandalizamos cuando leemos noticias como la muerte de Carla.

En mi opinión sobre este tema tanto los agresores como los que se paran a observar tienen culpa, ya que por su silencio y por el miedo a que les ocurra lo mismo, forman parte de éste problema que sólo hace que ir en aumento.

La indignación del autor queda reflejada en el contundente título del artículo: esas jóvenes hijas de puta.

La indiferencia de los centros escolares ante casos de acoso escolar convierte a éstos en criaderos de verdaderos terroristas emocionales. La mayoría de centros escolares cuando se produce un caso de acoso intentan ocultarlo y a veces excusándolo diciendo que sólo es cosa de niños. Y no, no es cosa de niños cuando se pone en juego la estabilidad, la felicidad e incluso la vida de un niño o un adolescente. Sin preocuparse de lo que está ocurriend y lo que puede sufrir la víctima. Los centros, por normativa, deben y tienen que aplicar un protocolo, que es distinto en cada escula, pero que muchas veces no llega a activarse.

Volviendo otra vez al texto de Arturo Pérez-Reverte, me desconcierta el "castigo" aplicado a las agresoras de Carla. Vivimos en un país donde ocasionar la muerte de alguien sólo es castigado a cuatro meses de trabajos socioeducativos, ¿dónde está la justícia?. No creo que ésta sea la mejor forma de acabar con esta lacra.

Lo que más frustra a una persona es no conseguir lo que se propone y es lo que le puede pasar a muchos de los acosadores, personas frustradas con ellas mismas con un alma negra y muchas veces se trata de lobos con piel de cordero.

En cambio, las víctimas en muchas ocasiones resultan fortalecidas, superan todo esto y son capaces de renacer de sus propias cenizas como el ave fénix. Tienen la entereza de mirar de frente y a los ojos a esas personas que un día intentaron destruirles pero no lo consiguieron, y eso sí que es un buen castigo.

"Esas jóvenes hijas de puta": buen título para este artículo.

1 comentario:

Teresa dijo...

¡Qué buen trabajo, Montse! Has presentado tu opinión de una forma muy ordenada y clara. Enhorabuena.