viernes, 12 de febrero de 2016

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Arturo Perez-Reverte habla alto y claro, sin tapujos, sin vacilaciones, directo al grano, directo porque ni le incumbe directamente, ni le duele, critica a una sociedad que como él dice, apesta. 

En mi opinión, puede que no sean las formas de decir las cosas, pero en el país donde vivimos la gente solo entiende cuando se dicen con rabia, cuando les puede perjudicar a ellos. Así que Perez-Reverte no se calla, dispara con revolver y a quien se sienta aludido, que piensen, haber si así cambian.
Habla del remordimiento, palabra que muchos no conocen, que ni sienten ni tienen interés en sentir, porque aquí, en España, todo lo que sea no sentir y olvidar esta bien visto, es lo lógico en la sociedad, lo justo. 
En España se olvida el franquismo, se persigue a los pobres, se esconden los caciquistas, en España si eres bueno, no vengas. Y así estamos, porque sí, nos lo hemos buscado, hemos conseguido aquello que queríamos y esperad, que todavía no nos ha pasado factura por casa.

Todo el dolor que hemos escondido, todos los daños colaterales, todas esas injusticias, aquí, escondidas entre cenizas, olvido y ningún tipo de remordimiento.

Pero no nos vamos a concentrar en la ideología general del país, ¿porque? Si tenemos más problemas en casa, no miremos desde arriba, miremos desde dentro. Desde el alma. 
El caso de Carla Díaz, sí, un caso de acoso, de injusticia judicial, de ideologías, de educación, de sociedad. Un caso como tantos otros, escondido, olvidado. 
Nadie quiere saber las desgracias, nadie quiere mirar las noticias, es más divertido encender la tele y poner Telecinco, tragar telebasura, leer revistas de moda, del corazón, pero no educarse, nadie quiere saber de que va el mundo, la gente tiene sus problemas, sus vidas… Hasta que las injusticias de todos te llegan a tu casa, entonces, con la rabia y el dolor es cuando se dejan todas las fuerzas para merecer justicia, solo cuando te llega a tu casa. Cuando tú estás en el medio. Siempre con ese egoísmo que nos penetra a todos.
Esta vez hablamos de Carla, pero mañana, ¿de quién?.

Carla no era aceptada, no tiene que haber un motivo justo, sus amigas no la encontraban suficientemente guapa, lista o no importa qué, no llegaba a la altura. Carla sufría acoso, tenía miedo, lloraba, sentía el dolor dentro de sus entrañas, Carla era una chica más para el mundo, para la educación, una alumna. No era nadie, unos la acosaban, otros ni se inmutaban al verla pasar, nadie la supo ayudar, nadie movió ni un solo dedo por una pobre niña inocente, sin carácter, nadie.
Carla era solo un caso más de acoso escolar, no tenía que darse la menor importancia, tampoco importan los actos de esas niñas acosadoras, ni los motivos que le dieron a una niña para tirar, literalmente, su vida por la borda. No pasa nada, una menos, vamos a llorar todos por la pérdida, vamos a hacer eso que se nos da tan bien, seamos unos falsos y demostrémosle al mundo que tenemos sentimientos de dolor, pena y remordimiento. Pero luego, cuando la cámara no nos enfoque, riámonos de los demás, porque sí, porque nos da la gana. 

Arturo Perez-Reverte, gracias. Alguien tenía que decir de una vez por todas las cosas claras y esta vez, sin remordimientos, por ser sinceros.




1 comentario:

Teresa dijo...

Está muy bien redactado y con muy buen nivel léxico. En algún momento me parece que te alejas demasiado del tema pero, por suerte vuelves sobre el.