domingo, 28 de febrero de 2016

Una sociedad hipócrita, su protagonista: la inmoralidad

Tras leer este artículo, poca gente se habrá quedado indiferente, muchos con la piel de gallina habrán empezado a reflexionar. No sobre el caso de Carla, que por desgracia es uno más, sino sobre la situación.
Gente que maltrata. Ya sea psicológicamente o físicamente, a veces es difícil saber qué es peor, pero todo el mundo es consciente que lo mejor es no hacerlo: vivir y sobretodo dejar vivir. Aunque en algunos casos simulen no saberlo, divirtiéndose con cada lágrima derramada, cuando en realidad están creando un escudo contra sus propios problemas, causando de nuevos. Si Carla no hubiera padecido estrabismo, se habrían mofado de otro aspecto: su peso, su altura, su orientación sexual. De hecho ya lo hicieron, cualquier motivo era apto para reírse.
Los testigos, ya sean los compañeros, los profesores… Todos al verlo callan, pretendiendo que sus vidas sean menos complicadas. Pero si nos paramos a pensar están provocando el efecto opuesto, ya que están cargados de remordimientos. El autor menciona que son egoístas, ya que no les importa que los otros sufran, más que indiferencia un acto de cobardía, no son lo suficiente valientes para detener aquella situación y que no vaya a más.
La gran mayoría de los compañeros de Carla se reían cada vez que se burlaban de ella, pero después de la desgracia todos lamentaban su pérdida, acaparándolo todo como si fueran los protagonistas, como si un día como el 11 de abril de 2013 hubiera algún protagonista, en parte sí: la inmoralidad.  
Sentencias que igualan morir a cuatro meses de trabajos sociales, esto en vez de un castigo parece un premio, un incentivo a que se sigan cometiendo barbaridades. Afirma que hay humanos, pero la humanidad ha desaparecido, ya que lo único que nos duele de verdad es el dinero, lo otro es pasajero e incluso falso.
Arturo Pérez-Reverte se muestra contundente y quizás a gusto de muchos políticamente incorrecto, trata un tema que sobrepasa los límites, en el cual nadie quiere verse involucrado, pero que inconscientemente hemos vivido y estamos viviendo, porque lo grave es que el acoso no existe solo en la adolescencia, también en la senectud.

Una lectura que va más allá de un suceso, una lectura que engloba una sociedad hipócrita. 

1 comentario:

Teresa dijo...

Me parece un buen comentario en conjunto, Gemma, pero un poco irregular. Me refiero a que algunos párrafos están muy bien redactados y conexionados y a otros les falta cohesión (especialmente desconectado el que empieza "Sentencias que igualan...". También hay un cambio de tiempo entre el presente de los primeros y el pretérito imperfecto cuando recreas cómo se reían de ella.
Como te decía, en conjunto, un buen trabajo aunque la sensación es que va de más a menos.