martes, 15 de marzo de 2016

¿El lenguaje es machista?


La cuestión de la desigualdad de género ha cobrado recientemente interés en numerosos ámbitos de la sociedad. Uno de ellos ha sido el lenguaje, la manera con la que nos expresamos y nos comunicamos con el resto del mundo.  Numerosos colectivos están pidiendo actualmente una revisión y modificación de muchas palabras del diccionario, considerándolas propias de una visión discriminatoria hacia la mujer.

En primer lugar, cabe remarcar la importancia de la comunicación, imprescindible  para el desarrollo de las personas. El lenguaje, como forma de comunicación esencial, permite expresar sentimientos, deseos, emociones, ideas; también ayuda a la interrelación, pues gracias a él sabemos cómo son los demás, qué cosas hacen, qué necesitan, cómo piensan y cómo viven...
El lenguaje es el medio a través del cual los humanos nos comunicamos. Esta es una de las razones por las que muchos piensan que es importante evitar el sexismo dentro del lenguaje, porque si se habla en masculino es porque se piensa en masculino y se hace pensar en ese mismo género. A esta forma de expresión se le denomina lenguaje sexista.

Es imposible hablar de un lenguaje machista sin una sociedad que lo es. Por tanto, antes de pensar en el lenguaje, deberíamos plantearnos si el problema no recae en nuestra sociedad, en cómo se ha ido configurando hasta nuestros días. El lenguaje es un reflejo de la misma, por consiguiente, si en el lenguaje escrito o hablado infravalora a la mujer, será consecuencia de la sociedad. 
Son muchos los que consideran que estas reivindicaciones son absurdas, que ya hay igualdad en nuestra sociedad. Se equivocan. Las estructuras actuales son precisamente un espejo de la realidad: el masculino es una convención lingüística propia de una sociedad cuyas mujeres ocuparon históricamente segundos y terceros planos.

El uso genérico del masculino para designar ambos sexos, así como expresiones que se pueden considerar machistas (“femenino” como débil o endeble, por ejemplo) están firmemente asentados en el sistema gramatical español y de otras muchas lenguas, por lo cual, un cambio parece poco viable a estas alturas. El lenguaje, ya desde sus inicios, ha sido machista y parece que lo seguirá siendo. La inercia resulta difícil de erradicar.

Sin ir más lejos, en el ámbito oficial, la Real Academia Española (RAE) aprobó un informe en el que se criticaban guías sobre lenguaje no sexista elaboradas por comunidades autónomas, sindicatos y universidades. Si se aplicara estrictamente lo que defendían, explicaba el texto, "no se podría hablar". A raíz de este hecho, podemos observar que no parece haber ninguna intención de cambio por parte del organismo oficial que regula la lengua.
Aun así, cada vez hay más personas concienciadas y algunos hábitos lingüísticos claramente machistas parece que pueden empezar a cambiar. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Para concluir, creo que el cambio hacia un lenguaje menos excluyente y discriminatorio debe iniciarse desde los propios hablantes, ya que son los únicos capaces de impulsarlo. Y para eso,  hace falta cambiar a su vez nuestra forma de pensar, puesto que  esconde un esquema pensado en masculino. El lenguaje puede ser un impulso para el cambio hacia una sociedad más igualitaria, donde las mujeres tengamos el mismo trato que los hombres, también en el lenguaje.




1 comentario:

Teresa dijo...

Gracias por ser tan clara y ordenada. Eres como un área de descanso en medio de Port Aventura. ¡Cómo te voy a echar de menos!