jueves, 22 de septiembre de 2016

CUANTAS MÁS, MEJOR (A VECES)

Si partimos de la explicación de que el bilingüismo es el dominio por igual de dos lenguas, nadie puede ser bilingüe ya que nunca se puede llegar al equilibrio por completo de éstas, siempre hay diferencias, ya sean de tipo oral, como la fluidez, o de tipo gramatical. Esto puede ser debido al entorno, un gran factor de influencia. Por lo tanto, una mejor definición para este fenómeno es: “coexistencia de dos lenguas en un mismo territorio o uso de dos lenguas en un mismo grupo social”. Visto de esta manera, el bilingüismo no es ni perjudicial ni beneficioso, sino que simplemente ocurre. Vamos a analizarlo desde dos ámbitos diferentes:

Respecto a los individuos, que una persona sea plurilingüe (ya sea a causa de la situación familiar o a causa de los estudios) es indiscutiblemente positivo porque cada idioma es una visión distinta del mundo y, en consecuencia, cuanta más información y conocimiento, más cultivada será la persona en cuestión. Además, el conocimiento de varias lenguas te permite viajar más y conocer con facilidad a más gente.

Respecto a los territorios o los grupos sociales, creo que un país o una comunidad bilingüe tiene más problemas que ventajas. Que en un mismo territorio o sociedad convivan dos lenguas, provoca una situación de “lenguas en contacto”. Cuando esto ocurre, los especialistas afirman que siempre la lengua más poderosa (la que tiene un mayor número de hablantes y posee el respaldo de la administración) termina imponiéndose. Así pues, es beneficioso para la lengua mayoritaria y perjudicial para la minoritaria. Por lo tanto, la supervivencia de una lengua depende en gran parte de la actitud de sus hablantes, pero también de las circunstancias: el gobierno, los juzgados, los medios de comunicación…


En conclusión, visto desde el ámbito particular, ser políglota es provechoso a nivel personal y beneficioso para la mente. Sin embargo, en el ámbito territorial o social, no creo que sea conveniente tener dos idiomas como oficiales, sino que debe haber una sola lengua oficial y otras tantas legítimas para poder dirigirse a la administración.