domingo, 28 de febrero de 2016

Una sociedad hipócrita, su protagonista: la inmoralidad

Tras leer este artículo, poca gente se habrá quedado indiferente, muchos con la piel de gallina habrán empezado a reflexionar. No sobre el caso de Carla, que por desgracia es uno más, sino sobre la situación.
Gente que maltrata. Ya sea psicológicamente o físicamente, a veces es difícil saber qué es peor, pero todo el mundo es consciente que lo mejor es no hacerlo: vivir y sobretodo dejar vivir. Aunque en algunos casos simulen no saberlo, divirtiéndose con cada lágrima derramada, cuando en realidad están creando un escudo contra sus propios problemas, causando de nuevos. Si Carla no hubiera padecido estrabismo, se habrían mofado de otro aspecto: su peso, su altura, su orientación sexual. De hecho ya lo hicieron, cualquier motivo era apto para reírse.
Los testigos, ya sean los compañeros, los profesores… Todos al verlo callan, pretendiendo que sus vidas sean menos complicadas. Pero si nos paramos a pensar están provocando el efecto opuesto, ya que están cargados de remordimientos. El autor menciona que son egoístas, ya que no les importa que los otros sufran, más que indiferencia un acto de cobardía, no son lo suficiente valientes para detener aquella situación y que no vaya a más.
La gran mayoría de los compañeros de Carla se reían cada vez que se burlaban de ella, pero después de la desgracia todos lamentaban su pérdida, acaparándolo todo como si fueran los protagonistas, como si un día como el 11 de abril de 2013 hubiera algún protagonista, en parte sí: la inmoralidad.  
Sentencias que igualan morir a cuatro meses de trabajos sociales, esto en vez de un castigo parece un premio, un incentivo a que se sigan cometiendo barbaridades. Afirma que hay humanos, pero la humanidad ha desaparecido, ya que lo único que nos duele de verdad es el dinero, lo otro es pasajero e incluso falso.
Arturo Pérez-Reverte se muestra contundente y quizás a gusto de muchos políticamente incorrecto, trata un tema que sobrepasa los límites, en el cual nadie quiere verse involucrado, pero que inconscientemente hemos vivido y estamos viviendo, porque lo grave es que el acoso no existe solo en la adolescencia, también en la senectud.

Una lectura que va más allá de un suceso, una lectura que engloba una sociedad hipócrita. 

EL SILENCIO DE LOS BORREGOS

El 25 de enero de 2015, el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó un artículo en el cual denunciaba el acoso sufrido por una adolescente de catorce años de Gijón por parte de dos compañeras de clase. Dicha adolescente terminó por suicidarse al verse tan atormentada por las burlas de las dos chicas. Pérez-Reverte nos cuenta que al cabo de dos años, un juez ha condenado a éstas dos chicas a seis meses de trabajos socioeducativos. Según el escritor, ésta pena no se corresponde a los daños que dichas adolescentes causaron tanto a la chica malograda como a su familia y a su entorno. Pérez-Reverte no culpa de ello al juez, sino que critica el sistema judicial y las leyes vigentes en España.

A continuación, el autor del artículo nos propone una labor de empatía al hacernos estar en la situación de Carla Díez, la chica que se suicidó, la cual sufría este tipo de acosos diariamente a causa de su estrabismo, la insultaban de un modo cruel, la llamaban lesbiana, etc. Como este caso, Pérez-Reverte subraya muchos otros como por ejemplo el acoso que miles de homosexuales, personas con problemas de peso o chicos introvertidos alrededor del mundo sufren a manos de sus compañeros de clase. Además de culpar a dichos acosadores, denuncia la indiferencia y la pasividad de aquellos que podrían evitar que estas atrocidades sucedan. Añade que, dicha impasibilidad conllevará que dichos jóvenes sean unos pésimos ciudadanos en el futuro.
También señala el papel de los profesores en dichas circunstancias. Los acusa de mantenerse neutrales y de no tomar medidas, diciendo que su único objetivo es el lucro y tener una buena relación con los padres y el profesorado sin tener la obligación de implicarse en los sucesos aterradores que viven muchos estudiantes.
Además del papel de los docentes, Pérez-Reverte advierte la presencia de las redes sociales. Para él han sido el instrumento de tortura para la chica acosada. Las burlas, las amenazas y los muchos insultos fueron la causa que desencadenó la tragedia.

Finalmente, el escritor pone de manifiesto la hipocresía de la mayoría de personas implicadas en este suceso cuando Carla Díez se suicidó. Denuncia la actitud de la compañeras que a priori fustigaban a la pobre chica y al producirse la tragedia, adoptan el papel de víctimas que lloran afligidas la muerte de su compañera "querida".

Arturo Pérez-Reverte utiliza un lenguaje agresivo para hablar de este tema. A la hora de calificar las actitudes de muchos de los implicados, utiliza varios insultos como por ejemplo "hijos e hijas de la grandísima puta", "borregos o borregas", "gilipolleces", etc. Para muchos, la actitud que adopta el autor del artículo puede ser excesiva. Cada uno tiene su propio punto de vista. Sin embargo, yo creo que la manera con la que Pérez-Reverte escribe el artículo está justificada. Éstos sucesos, como el de Carla Díez, ocurren cada día, no solo en España, sino también en todos los lugares del planeta, sin que nadie lo denuncie o tome acciones para que no suceda. Pérez-Reverte está indignado, al igual que muchos de nosotros, ciudadanos con un mínimo de decencia moral, ante la pasividad de los poderosos, los cuales tienen en su mano que estas atrocidades terminen, pero que prefieren salvar su cuello y su bolsillo antes de implicarse en la defensa de un ser humano.


Evidentemente, también creo que este artículo podría haberse escrito con un poco más de tacto, no con el objetivo de no ofender a las acosadoras ni a las personas implicadas, sino por respeto a la familia de Carla Díez, la cual tiene que cargar con una pesada losa sobre su espalda después de que su hija falleciera. Dicho esto, no creo que la actitud de Pérez-Reverte sea errónea puesto que cada uno puede expresar sus opiniones como quiera. Lo importante es que los ciudadanos se impliquen en estos casos y que los denuncien, ya sea moderadamente  o como lo hace el autor de este artículo. Hay que luchar para que estos casos de acoso escolar y cibernético salgan a la luz y sean juzgados debidamente. n a tener ner el  etc. ps? Rashe adoptan una actitud rse la tragedia s, las amenazas y los muchos insultos biana, etc. ps? Rashen a tene

martes, 23 de febrero de 2016

"Esas jóvenes hijas de puta": buen título para este artículo.

Si algo caracteriza a Arturo Pérez-Reverte es que habla de los asuntos sin tapujos, como debe ser. Él mismo en su blog cita la frase: "Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen", una frase muy adecuada en las circunstancias que nos encontramos, ya que la libertad de expresión queda, muchas veces, limitada por los que mandan.

Centrándome en el texto, ya era hora que alguien ponga los puntos sobre las íes. No me sorprende el hecho del bullying, me sorprende que la gente se sorprenda. Todos en nuestra vida hemos visto o hemos conocido algún caso de acoso escolar, pero sólo nos preocupamos cuando la vícitma se trata de uno mismo y sólo nos escandalizamos cuando leemos noticias como la muerte de Carla.

En mi opinión sobre este tema tanto los agresores como los que se paran a observar tienen culpa, ya que por su silencio y por el miedo a que les ocurra lo mismo, forman parte de éste problema que sólo hace que ir en aumento.

La indignación del autor queda reflejada en el contundente título del artículo: esas jóvenes hijas de puta.

La indiferencia de los centros escolares ante casos de acoso escolar convierte a éstos en criaderos de verdaderos terroristas emocionales. La mayoría de centros escolares cuando se produce un caso de acoso intentan ocultarlo y a veces excusándolo diciendo que sólo es cosa de niños. Y no, no es cosa de niños cuando se pone en juego la estabilidad, la felicidad e incluso la vida de un niño o un adolescente. Sin preocuparse de lo que está ocurriend y lo que puede sufrir la víctima. Los centros, por normativa, deben y tienen que aplicar un protocolo, que es distinto en cada escula, pero que muchas veces no llega a activarse.

Volviendo otra vez al texto de Arturo Pérez-Reverte, me desconcierta el "castigo" aplicado a las agresoras de Carla. Vivimos en un país donde ocasionar la muerte de alguien sólo es castigado a cuatro meses de trabajos socioeducativos, ¿dónde está la justícia?. No creo que ésta sea la mejor forma de acabar con esta lacra.

Lo que más frustra a una persona es no conseguir lo que se propone y es lo que le puede pasar a muchos de los acosadores, personas frustradas con ellas mismas con un alma negra y muchas veces se trata de lobos con piel de cordero.

En cambio, las víctimas en muchas ocasiones resultan fortalecidas, superan todo esto y son capaces de renacer de sus propias cenizas como el ave fénix. Tienen la entereza de mirar de frente y a los ojos a esas personas que un día intentaron destruirles pero no lo consiguieron, y eso sí que es un buen castigo.

"Esas jóvenes hijas de puta": buen título para este artículo.

lunes, 22 de febrero de 2016

Discriminación intolerante

Discriminación intolerante

El acoso escolar desgraciadamente está presente en muchas escuelas, en menor o mayor grado, ya puede ser por aspecto físico o por ideologías.
En el caso de Carla, Arturo Pérez Reverte mediante un artículo de opinión con un tono contundente, critica la actuación previa de algunas personas prosperas a Carla, sobre todo a sus compañeros y el personal del colegio.
Pero este artículo va más allá de un hecho puntual, el caso de Carla sirve de ejemplo para demostrar lo crueles que llegamos a ser en esta sociedad, ya que no sólo están involucrados los que ejercían “bullying” sobre ella directamente, sino también sus compañeros que veían la situación pero que no se enfrentaban para solucionarlo y sus profesores que lo consideraban normal por la edad que tenían.
Y es que no se trata de un hecho aislado, es un hecho recurrente, muchos niños se mofan de otros por el ser gordo, ser homosexual, ser tímido, entre otros. Pienso que esto está relacionado en la forma de actuar de una sociedad permisiva que lo considera dentro de lo normal y lo tolera.
En algunos casos, cómo el de Carla, el desenlace es fatal y entonces es cuando nos damos cuenta de la grave situación que estaba pasando, y es que los seres humanos muchas veces no nos damos cuenta del dolor ocasionado hasta que vemos las consecuencias.
Además, tenemos que añadir las redes sociales un lugar de libre opinión donde el acoso se multiplicó y que hizo que más personas se unieran a terminar de derrumbar a Carla y que esta viera la solución para dejar de sufrir quitándose la vida.
Me ha sorprendido como termina el artículo de opinión diciendo que lo que realmente nos remuerde es cuando tenemos problemas económicos, queriendo decir que damos más importancia a lo material que a una persona con sentimientos.
Como conclusión creo que a través de este artículo me ha hecho reflexionar sobre todo en nuestra actuación frente a situaciones como la de Carla, de cómo la sociedad ha distinguido por sexo, tamaño o ideología a ciertas personas y como a estas les cuesta hacerse un hueco en la comunidad y ser aceptadas por su alrededor.

Nos tendríamos que replantearnos esta permisividad ante estos hechos, porque la discriminación nos viene desde pequeños, y puedo hablar por experiencia propia de diferenciar a una persona por su peso. Más tarde, cuando creces, te das cuenta de lo que aquella persona podía estar sufriendo, pero tú en aquella situación hacías lo mismo que los otros y le ponías la etiqueta de gorda. La solución del problema creo que está en la aceptación de las personas sin discriminar por la razón que sea, pero está claro que para cambiarlo no será cosa de uno, es una tarea de todos de conseguir que la distinción entre personas por su apariencia termine. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Acoso escolar, jóvenes hijas de puta

Este artículo escrito por Arturo Pérez-Reverte nos deja completamente helados, impotentes y verdaderamente impactados. El autor hace referencia al caso de Carla Díaz, una joven que se suicidó víctima del acoso escolar, más conocido como bullying y a la estúpida pena de cuatro meses de trabajos socioeducativos a las presuntas jóvenes hijas de puta.
El autor habla sin tapujos y con mucha dureza, se muestra valiente y directo a la hora de nombrar a cierta gentuza, eso significa que es un tema realmente importante en la sociedad y nos hace sentir que no se están haciendo las cosas bien.
El acoso escolar es un tema muy presente en todos los institutos, por desgracia lo sufre muchísima gente en este país y nadie hace nada para mejorar esta situación. Podríamos buscar muchos culpables. Desde una sociedad inconsciente del daño que pueden llegar a hacer y demasiado permitida, donde el que triunfa es el cabronazo. Unos padres que no han sabido educar a sus hijos como toca, que no saben lo que está mal y lo que está bien. Los profesores, que acostumbran a no darle importancia a estos temas argumentándolos con que son cosas de crías, y también hay que miran para el otro lado para no meterse en problemas con los padres de los niños ni arriesgar su puesto de trabajo. Por último, los propios compañeros de clase, con miedo de no meterse en medio y acabar siendo ellos los perjudicados, hoy en día el superhéroe está muy mal visto en los jóvenes.
En mi opinión, creo que por un lado deberían endurecer las leyes, poniendo penas más estrictas y que los culpables no se vayan de rositas como en el caso de Carla, por otro lado pienso que este problema se debe solucionar mediante una buena educación de los niños por parte de sus padres i profesores i que les inculquen des de ben pequeños como se deben comportar en cualquier situación, que aprendan a respetarse entre ellos, con humildad y que sepan aceptar a todo el mundo tal y como son.
Seguro que todos hemos vivido escenas de bullying cuando éramos más pequeños y no hicimos nada, no queríamos se participes o quizás alguna vez les jodíamos el día a algún pobre chaval.  En todas las clases estaba el típico chulito o chulita y sus lameculos y la víctima solitaria… En aquel momento hicimos algo cuando veíamos escenas de acoso escolar a compañeros por parte de otros alumnos? Creo que ahora, ya más maduros, nos damos cuenta que en algunas situaciones hemos actuado mal, y después de leer este magnífico artículo seguro que sirve de reflexión a muchas personas que no eran conscientes de su enorme gravedad.




sábado, 20 de febrero de 2016

Increíble, pero real

“Ésas jóvenes hijas de puta”, curioso título para un artículo de opinión que habla sobre el acoso en las aulas, aprovechando un caso que ocurrió dos años atrás sobre una chica adolescente llamada Carla que terminó en suicidio.

Pero qué mejor título podría haber elegido Pérez Reverte para conseguir su pretensión de ser claro y directo con aquellas personas que fueron las causantes de todo. ¡Por que ya está bien de no llamar a cada cuál por su nombre y de andarse con medias tintas a la hora de juzgar a la gente por sus actos!

Este es un artículo en el que se describe perfectamente la situación, pero sobretodo el comportamiento humano ante personas que destacan por algún motivo en especial y a las cuales se llegan a considerar inferiores en nuestra sociedad actual, dejándolas así de lado y haciéndolas empequeñecer como personas.
Y es que es difícil de aceptar, pero todo lo que dice pertenece a la realidad. Los seres humanos somos así, juzgamos a las personas sin ningún derecho y en algunos casos las alejamos de nuestras vidas, pero además les faltamos al respeto y les manipulamos, nos reímos, nos burlamos de ellas y cuando la situación se desborda hacemos como si nada hubiera sucedido. ¿Cómo podemos ser capaces? ¿Cómo puede ser, que tan buenos que todos nos consideramos, podamos cometer semejantes barbaridades?
Si de verdad pensáramos en lo que nuestros hechos pueden comportar, lo haríamos dos veces antes de actuar. Por que, ¿eran conscientes las amigas de Carla que podían llegar a provocar su suicidio y con esto la desgracia de una familia entera? Seguramente no, seguramente actuaban con sangre fría y sin pensar tan solo un momento en las graves consecuencias. Pero la cuestión está en lo que hicieron. Destrozaron la vida de una chica que tenia todo un futuro por delante.

Pienso que Pérez Reverte ha conseguido un gran trabajo con este artículo, ya que además de mostrar su opinión, ha sabido describir muy bien los hechos, siendo realista y sin andarse con rodeos. A través de una historia cruel y aunque no nos guste real, consigue retratar la mezquindad que los seres humanos podemos llegar a tener y la capacidad de actuar sin escrúpulo alguno ante ciertas situaciones. Consigue dejar de lado sus prejuicios y el qué dirán para decir sin tapujos lo que piensa.


En conclusión, debemos tomar nota sobre este artículo porque pienso que se trata de una lección que Pérez Reverte nos da sobre la vida misma.

martes, 16 de febrero de 2016

Demasiado tarde para aprender




Yo, hombre de ciencias puras y tecnología, incapaz de leerme una novela de más de ciento cincuenta páginas por causas de somnolencia, sinceramente, me ha asustado el hecho de tener que leer este artículo. Pero, nada más ojear el título y conociendo al mismo Arturo Pérez-Reberte, no podía fallar.  Mis ojos se han humedecido al recorrer las líneas de este artículo, hecho  público el 25 de enero del 2015. Comparto la expresión, me ha dejado tocado y hundido.
Mi mente estaba acostumbrada a ver tragedias como esas en el cine y, de repente, descubrir esta tragedia, que va más allá de las películas, me ha causado impacto en el cerebro. Todavía ahora estoy pensando en Carla, esa pobre chica que quiso marchar de esta vida, tan pesada para algunos, para llegar a volar y alcanzar el cielo, que tan lejos le quedaba de su hogar.
Creo que somos incapaces de imaginarnos algo parecido a este caos cerca de nosotros; me extraño al pensar que son hechos reales, ¡que hijos de puta! Sabemos que existe este peligro, este juego para algunos, pero desconocemos lo que uno puede llegar a soportar. Somos así, no tenemos explicaciones para hacer lo que hacemos hasta que ya no podemos dar marcha atrás. Entonces todo son lágrimas, frases y fotos con esa persona que acabamos de perder. Tan fácil que resultaba decirle unos “Buenos días Carla, ¿qué tal el fin de semana?” o un tan solo “Carla, ¿puedes echarme una mano?” simples expresiones que hacen sentir de uno algo más que un objeto, algo más que un pedazo de carne. Tenemos sentimientos, tememos expresión, sabemos perdonar, ayudar, sonreír, amar… ¡pero vaya, hombre! ¡Si compartir es vivir! ¿Por qué no hacemos el bien y nos despreocupamos de estas crueldades que sólo sirven para causar temor y perder las ganas de seguir luchando? Pues muy sencillo, no estamos solos en este mundo y no todos vivimos absorbiendo estimación y aprecio hacia otras personas, parte de la humanidad vive del odio y de la crueldad, haciendo daño a alguien para conseguir las cinco risas de sus tristes cinco amigas, como si fuera un circo. ¡Por Dios! Pero la vida es así, como decía en el principio de mi redacción, vivimos dentro de una película: hay introducción, hay trama y hay desenlace; hay buenos y hay malos; hay tristeza y hay felicidad.
¿Y si pasamos estos antónimos complementarios a antónimos graduales? Seguro que el mundo sería mucho mejor.

EL CASO DE CARLA






En este texto podemos ver que Arturo Pérez-Reverte tiene una forma peculiar de expresarse, es un tipo que habla con autoridad y sin importarle el que dirá la gente, habla del tema porque sabe, sabe que decir, como decirlo, es verdad que en alguna ocasión utiliza un vocabulario  un poco desapropiado para el tipo de argumento que hace y más al ser para todos los públicos. Da su punto de vista de cómo es el ser humano ya que según él es cruel y cobarde.

Primero empieza explicando el caso de una joven llamada Carla que sufre bulling, un problema que, como ella, sufre muchísima gente en este país. Dos jóvenes estaban a todas horas haciéndole la vida imposible, la insultaban, la humillaban, la joven no pudo aguantar la situación y esto la llevo a las manos del suicidio. 
Veo miserable la actuación que tuvieron como dice el autor "las dos hijas de puta esas" ya que nunca para sentirte bien tienes que hacer el mal a nada ni a nadie y mucho menos acabar con la vida de una persona o tentar la suerte de los demás, pueden ser amigas o no, puede que te guste más o menos y que te caiga bien o mal, pero ante todo está el respeto. Es cierto que para ser respetado tienen que aprender a respetar y a eso se le llama educación, civilización, en este caso hasta sentido común, porque una cosa es una burla y la otra ser un constante acoso para la pobre chica indefensa. 
Por otro lado, también veo infame la actuación que tienen los profesores ya que ellos como la resta de alumnos veían que la hermana mayor de Carla la acompañaba cada día a la entrada del colegio ya que ella tenía miedo de lo que le pudiese pasar, y los profesores respondían con las típicas frases; “ son cosas de chicas”. Aquí cometieron un grave error, ya que sean cosas de chicas o no, cuando alguien lo esta pasando mal no pueden mirar hacía otro lado y seguir con sus vidas, en este caso los profesores deberían haber actuado, hablado con Carla y con sus padres, llevarla a la psicóloga o especialista que hay en todos los centros, quizás hablar con las chicas en cuestión, cualquier cosa antes que actuar como si nada les importase. 


En definitiva encuentro muy bien el artículo que ha publicado Arturo Pérez-Reverte, le da el tono perfecto para llamar la atención del lector y así poder profundizar a la hora de leer y criticar de forma cruel los actos de las adolescentes y la forma que tienen algunos adultos, como la misma ley, de actuar frente a estos casos.

Esas jóvenes hijas de puta

ESAS JÓVENES HIJAS DE PUTA

Un artículo escrito por Arturo Pérez desde dentro y con toda sinceridad. Un tema en plena actualidad, como es el bulling, sufrido por una joven, que tras un tiempo de insultos, risas y agresiones perdió la vida después de tirarse por un acantilado.
Para comenzar, me gustaría hablar la forma tan peculiar  que tiene el autor del artículo de dar su opinión. Si dejamos de lado, por un momento, el tema del artículo, veremos como la persona que ha escrito el texto  no tiene pelos en la lengua, ha dicho exactamente lo que pensaba y tal como se sentía, pero ¿está bien llegar a los insultos?  Sinceramente… ¡No! Pienso que es hasta un poco vergonzoso que una persona, con un cierto nivel de madurez, se ponga a insultar a personas en las redes sociales.  Por lo que respecta al hecho que este señor culpe a todas las personas de alrededor de la víctima, no tiene ningún sentido. Está claro que no  sabemos del cierto como actuaron y por eso no tiene ningún derecho a culparles y menos insultarles.

Ahora sí, por lo que respecta al tema del artículo, por una parte encuentro bien la pena que tienen que cumplir las niñas, el hecho de que les hagan hacer trabajos sociales y no ingresarlas en un centro de menores creo que es una buena elección, ya que estas chicas serán señaladas toda la vida y tendrán que vivir con la culpa para siempre. Por otra parte creo que no hay pena suficiente para esas personas que hacen la vida imposible a otras personas. Es decir, el hecho de amargarle la vida a una compañera para sentirte tu mejor, esto es lo más rastrero y penoso que se puede hacer,  además lo que encuentro aún más absurdo y cruel que lo hagan por un rasgo físico.                                                                                                       Siempre han dicho que es peor un maltrato psicológico que un maltrato físico, seguro que esta chica se le comió el mundo y no tuvo otra salida que el suicidio. Y… ¿el suicidio, es una acción de valientes o de cobardes? Mucha gente piensa que es de cobardes pero yo pienso, sobretodo en este caso, intento ponerme en la situación de esta chica y no sé si pudiera haber aguantado tanto como ella lo hizo.
En último lugar, por lo que respecta al autor creo que en lugar de insultar y meterse con las personas de los alrededores, lo que debería hacer es dar apoyo a la familia de la víctima de una forma más sensata y educada y por lo que hace a los insultos, en lugar de tanto criticar, podría dar soluciones para que no se repitiera la tragedia.

Para terminar, el bulling debería ser un tema tratado con delicadeza. Es un tema que afecta a muchas personas en el mundo y entre todos deberíamos pararlo. Por eso a veces deberíamos de ponernos en la piel de la persona que lo está sufriendo para saber cómo se siente y así poder ayudarla. 

lunes, 15 de febrero de 2016

¡Pero que hagan el favor!

¡Pero que hagan el favor!

Angustia. Impotencia. Rabia. Desesperación. Hipocresía. Barbarie e inhumanidad. Estas palabras mencionadas define, a grandes rasgos, mis sentimientos al haber leído el artículo de Pérez-Reverte, "Esas jóvenes hijas de puta". Y es que con el título la clava. Es vergonzoso que al siglo XXI hayamos evolucionado tanto en algunos factores, y lo hayamos hecho tan poco en otros, e incluso hayamos retrocedido.
"Esas jóvenes hijas de puta" enmarca perfectamente la sociedad en la que vivimos: una sociedad llena de crueldad, de crítica, de humanos inhumanos que no saben vivir sin difamar a los otros. Una sociedad que no respeta los derechos humanos, una sociedad fría de sentimientos. Y el caso de Clara es uno de tantos que no han salido a la luz, un caso que refleja la educación que está siendo dada a los niños y jóvenes de nuestro país, una educación que quizás sea rica en matemáticas y física, pero que deja de lado la ética, y, en efecto, lo que nos educa. Lo que de verdad nos sirve. Si éste es el futuro que queremos, estamos perdido. Si todos los niños están educados así, menudo futuro nos espera. Lleno de humanos inhumanos, de fríos sentimientos, que velan por sus propios intereses, por ganarse su fama, faltando al respeto y haciendo Bullying a pequeños inocentes cómo lo es Clara.
Visto que las leyes del estado español son un tanto incoherentes, creo que el cambio se debería hacer desde abajo. Explico a que me refiero cuando hablo de cambio: cuando hablo de cambio me refiero a algo tan simple cómo es educar a nuestros niños. A crear personas, no monstruos. A hacerlos reflexionar sobre los problemas de la sociedad, a hacerlos entender que todos somos distintos, todos tenemos gustos e ideas diferentes. Y, en efecto, que de la unión de gente diferente sale una sociedad rica y equilibrada. A sabiendas de a que me refería con el término de cambio, a continuación explicaré cómo creo que debería desarrollarse dicho cambio. Y la solución es, desde abajo. Por los padres. Por los profesores. Ambos deberían ser educadores de los jóvenes. No todo es saber resolver un problema en matemáticas. O saber la conjugación del verbo "être". O vomitar el rosa rosae.
Debemos hacer que aprendan a respetarse entre ellos, a ayudar a sus compañeros y así crearemos humanos de verdad. No humanos inhumanos.
Cabe decir que la revolución de las redes sociales ha facilitado mucho la tarea de los acosadores y de los seguidores del bullying, pues pueden agredir a sus pobres presas no solo en el colegio e instituto, sino que también pueden hacerlo desde sus hogares. A todas horas. De todos los modos. Por lo que el sufrimiento del que lo padece se multiplica por infinito. En los últimos años, los niños han empezado a utilizar las redes sociales con menor edad. El tema de la edad mínima debería estar, en mi opinión, más controlado. Por mucho que nos lo parezca bien, o les parezca bien a los mismos niños, estar dentro de dichas redes a esa edad, no les hace ningún bien. Todo lo contrario.
Ahora, para acabar con mi peculiar comentario sobre el artículo, (Claro, como era de estilo libre, me he pasado las normas, con el vocabulario de Pérez-Reverte, por los huev**), me gustaría dedicar un poquito de tiempo a las gentes como Clara. A estas pobres gentes que sufren acoso a diario. Y sí, los he llamado pobres. Lo son. No quiero minuspreciarlos con dicho adjetivo, pero alguien que es acosado, es alguien pobre. Y no merece serlo. Empatizémonos con ellos, por unos instantes. ¿Qué se deber sentir? Estás sólo, sin apoyo alguno. Sin nadie a quien contarle lo que está sucediendo, y, en caso de que éste exista, con miedo de contárselo por miedo a perder una de las pocas personas que están de nuestra parte. Empiezas a creerte lo que te están diciendo: ¿Si todos dicen que soy fea, gorda y bizca, será verdad no?. Todos dicen lo mismo, acabas creyendo que eres tal y como te dicen.
Además, nadie acepta que me guste alguien de mi mismo sexo. ¿Por que no lo hacen? ¿Que hecho me diferencia de los otros, si soy homosexual? ¿Por que nadie entiende mis gustos?
Estos son algunos de los pensamientos que pasarían por mi cabeza en momentos de desesperación ante situaciones de acoso o de bullying. Y la verdad, es que es terrible. Dentro de su piel, vemos en primera persona cómo sufren, y no es nada agradable. Es por esto que tenemos que luchar en contra de esta terrible moda del bullying. Cada uno de nosotros debe poner su granito de arena y así poder disminuir el número de casos de acoso hasta recudirlo a cero, y creo que el mejor método para llegar a dicho objetivo, es cambiando desde abajo, cómo he explicado anteriormente.
Di NO al bulling y sí al compañerismo y al respeto, sí a los derechos humanos, sí a la paz y a la amistad, sí a tener una vida digna y sí a la igualdad. Todos somos iguales, no lo olvides.

domingo, 14 de febrero de 2016

Cruda realidad

LA MORALIDAD DE LA SOCIEDAD 

Porque no todos importamos lo mismo.

Es difícil asimilarlo, pero es así. Según el artículo de Arturo Pérez Reverte, la moralidad de la sociedad actual se ha echado a perder. No todos lo aceptamos tal como es, incluso hay muchos que lo niegan pero la opinión del señor Pérez está muy acertada. Realmente la gente no se da cuenta del daño que puede alcanzar una simple y corta palabra. Esta acción se llama ofender. Pero antes de meternos en el tema del acoso escolar quería, resaltar unos aspectos sobre la definición de ofender. Según la R.A.E. la definición de ofender es: 
  1. tr. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos. 
  2. tr. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. 
  3. tr. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.  
  4. pron. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

Si nos fijamos, las definiciones otorgadas a esta acción van en una única dirección. La de herir la autoestima u otro objeto o persona que tiene una cierta importancia en la vida del ofendido. Si aún nos fijamos más, hay un detalle de que estamos omitiendo y que es vital para entender bien el concepto de insulto, ofensa... Y es que para que haya un ofensa, hay que haber una palabra o conjunto de ellas que nos hace sentir identificados y que esa identificación sea de carácter peyorativo. Dado este matiz podemos afirmar que no existe ofensa si no hay identificación alguna con el sujeto dela ofensa. E.g.: Si sé que mi madre no es prostituta, el insulto tipo "hijo de p***" no me afecta por lo tanto no es un insulto. Que quiero decir con ese ejemplo. Que hay que quitar la importancia a los insultos y no hacer caso, porque si no, estamos en el caso de identificación y por lo tanto nos hace daño. 
Por contrapartida, no significa que esté a favor de las ofensas. ¡Ni mucho menos! Lo que quiero decir es; Que la raíz del acoso escolar es cuando el sujeto tiende a dar importancia a las ofensas y por lo tanto los ofendedores prosiguen para que esta tendencia tienda a la alza. Siempre se ha dicho que no hay mejor insulto u ofensa que el menosprecio. Es decir, que lo mejor que puede hacer un sujeto es mostrar impasividad a los insultos y como consecuencia hay un cese gradual a corto plazo de los insultos. 


Referente al cyberbulling, lo mejor que se puede hacer un acosador que está en la situación límite, es denunciar por vía redes sociales. Hay que añadir que en las redes sociales hay por ley, un espacio donde la gente puede denunciar dichos sucesos. Esto se rige por un protocolo, que no es el óptimo para estos problemas. Este protocolo da primero la voz de alarma a los analizadores, para determinar si es cierto a primera vista lo que el denunciante denuncia. Luego se pasa en manos de la policía y se prosigue con la investigación para dar salida a este problema. 


También estoy de acuerdo con el texto de Arturo sobre que la eficacia para tratar el problema del bulling de la chica, que es una entre miles, por parte de la docencia es pésimo. Hay un pequeño refrán que dice: "Un buen profesor enseña valores no lecciones de un libro". Esto quiere decir que los profesores deberían hablar más con los alumnos individualmente y colectivamente para dar conciencia sobre esta lacra que ha infectado las aulas. Me reafirmo, que si hubiera una mayor intolerancia a la falta de respeto, el bulling descendería en picado

Por último, quiero añadir otro viejo refrán que en numerosos libros ha salido, que es el siguiente: "En la escuela se enseña las lecciones y en casa la educación". Gran parte de problema nace aquí, los padres deben infundir el respeto a cualquier persona sea quien sea independientemente de la clase, género, etnia, color de piel sea. Porque si no se enseña en nuestros hijos el que es el respeto, tarde o temprano acabaran en problemas como el bulling o la agresividad hacia cualquier persona. Este aspecto se se cuida en nuestras casas por eso se debe emprender acciones ejemplares, para que el respeto se lo último que se pierda tras la dignidad. 



Para concluir, el caso de esa adolecente es una entre más casos de bulling. Para erradicar, esto se debe enseñar los valores en los ámbitos de familia y escuela. Porque hay vidas en juego y con eso no se juega. La sabiduría popular siempre nos lo ha enseñado, pero a fin de cuentas. ¿Quién tiene la culpa?