miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿tiene sentido ser supersticioso hoy en día?

Hoy en día existen muchas supersticiones, también decir que las supersticiones no solo son malas, también existen de buenas.
Unas de las supersticiones más famosas que existen son la de martes trece, la de que se te cruce un gato totalmente negro, pasar por debajo de una escalera que se te rompa un espejo, el famoso trébol de cuatro hojas, piedras y amuletos.

Creo que todo esto se ha ido inventando a lo largo de los siglos, para que la gente tenga algo dónde aferrarse, y pensar si tengo esto o hago esto tendré suerte y si hago esto otro no tendré suerte, esto es totalmente relativo, ya que puede ser que un día veas un gato, te caigas y pases por debajo de una escalera, y que casualmente sea martes trece, pero también podría ser que llevaras una piedra de la suerte en el bolsillo, y te pasaran cosas malas, no creo que todas las energías del planeta se centren en un día o en un objeto. Lo que sucede es el destino y nadie elige el suyo, si te pasa te pasa, la vida es una ruleta de la suerte, y unos tienen más suerte que otros, pero no será gracias a objetos ni seres misteriosos ni nada por el estilo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Tiene sentido ser supersticioso

Primero decir que de supersticiones existen muchas, como por ejemplo que las patas de conejo traen suerte, los tréboles de cuatro hojas también traen, las hebillas de los caballos también, etc.
Estas supersticiones, no han sido inventadas hace poco, sino que ya hace años que existen.
En mi opinión estas supersticiones, no son ciertas ya que si por ejemplo, cogiéramos a 50 niños recién nacidos, y les guardáramos una pata de conejo en el bolsillo, y lo llevaran toda su vida, podríamos observar claramente, que igual si algunos han tenido más buena suerte que mala, en su vida, pero también podríamos observar lo contrario, o que hubieran tenido mala y buena suerte más o menos a partes iguales, por lo tanto, estas supersticiones desde el punta de vista científico no tienen ningún fundamento ni base sólidos, como para ser tomados en serio, ni mucho menos.
A causa de esto, yo creo que no se debe ser supersticiosos, ya que muchas veces las cosas no saldrán como tu esperas, si crees en estas supersticiones, no obstante estas supersticiones pueden ayudar en momentos concretos, exactamente cuando alguien tiene que hacer algo y esta muy convencido de que no podrá, estas supersticiones pueden ayudarle a aumentar su confianza en si mismo y esto ayudarle a conseguir su objetivo.
En conclusión, no hay que hacer cosas imposibles apoyándose en supersticiones, ya que estas no se producirán, pero en momentos de presión o de poca confianza en uno mismo, se puede usar estas supersticiones para disminuir la presión o aumentar la confianza en uno mismo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

¿Tiene sentido ser supersticioso hoy en día?

Romper un espejo, cruzarse con un gato negro, rezar con las piernas cruzadas, casarse o embarcarse un martes 13, en los países influidos por la cultura inglesa el viernes 13, derramar la sal, pasar debajo de una escalera apoyada contra una pared, la escalera con las superficies del suelo y la pared forman un triángulo, que el novio vea a la novia vestida de tal antes de la ceremonia, que un artista salga al escenario con una prenda amarilla, etc. Todas estas acciones, son un pequeño ejemplo de cosas que traen mala suerte. Las personas que creen en esas y en otras muchas cosas, se puede decir que son supersticiosas. Las personas que creen esas cosas, en las religiones, o en las pseudociencias (la adivinación, la astrología, el espiritismo, la magia, el tarot, etc.), son personas supersticiosas.
Volviendo al tema que nos influye, yo creo que no es lógico ser supersticioso actualmente, ya que la ciencia, puede dar respuesta ha muchas de las cuestiones que dieron origen ha estas supersticiones. Como he dicho yo considero que no es lógico, pero si que lo es necesario. Al principio esto puede parecer una paradoja pero si lo piensan no es tan ilógico. Yo pienso que no soy una persona supersticiosa pero os habéis fijado que sin la religión la vida no tiene ninguna finalidad, los humanos nacemos para reproducirnos y morir. Si miramos la vida de esta forma tan fría, la vida parece una mierda (perdón por utilizar una expresión tan vulgar), provocando que tanta gente se suicide. En cambio si miramos la vida como un camino para llegar ha un mundo mejor, que no todo se termina el día que tu corazón pare de latir, la vida parece otra cosa, un lugar donde nosotros aprendemos a ser como queremos ser en el otro mundo. Esta segunda visión se parece mucho la visión católica, esto es porque la religión católica fue la primera religión, occidental, que dijo que la vida no se terminaba el día que morimos y que todo lo que nos pase en vida influye en la otra vida. Pensad que esto provoco que la religión pasara de ser una de las muchas religiones que se podían encontrar en las catacumbas de Roma, a una de las regiones con mas seguidores de la historia mundial.
Para finalizar, me gustaría que os plantearais como seria la vida si supierais que no hay absolutamente nada más el día que os muráis. Pensad que vosotros seréis un simple cuerpo mas para los gusanos y otros organismos que os comerán hasta dejaros como un colador y finalmente como nada, un simple compuesto para las plantas.

¿Tiene sentido ser supersticioso hoy en día?

Cantidad de supersticiones abundan en nuestra vida diaria, tanto supersticiones destinadas a la buena suerte (pisar un excremento, encontrar un trébol de cuatro hojas, el número siete...) como al desastre (romper un espejo, el número trece, pasar por debajo una escalera abierta...).
Dichas supersticiones, entre infinidad de otras, conceden a la suerte y al infortunio una propiedad casi mágica, inherente a las aptitudes humanas.
Para ser más explícitos se podrían relacionar estas supersticiones con unas leyes sobrenaturales, bajo el mando de una divinidad.

Con lo hasta aquí comentado quiero decir que no creo que hoy en día las supersticiones tengan ningún sentido.
Una de las primeras razones, muy ligada a la más que probable ausencia de divinidades, es la relación causa consecuencia.
Según estas creencias encontrar un trébol de cuatro hojas va directamente ligado a una suerte segura, así como ser martes y trece tiene la connotación de un día malo, horrible.
Volviendo a la relación causa consecuencia y relacionándolo con el trébol y martes y trece se puede decir que ninguna de estas causas implica ningún tipo de consecuencia sobre la suerte o la ausencia de ella, ya que la única consecuencia es la pérdida de un ser vivo y el paso del tiempo.
Otra razón para no creer en supersticiones es la carencia de argumentos a favor de estas, que a pesar de parecer muy claras, llegan al punto del ridículo (como la suerte de pisar un excremento).
Por otro lado la ciencia, método de investigación más fiable hasta el momento, no ha conseguido tampoco dar explicación a ninguna de dichas creencias, y creo que nunca lo conseguirá.
A pesar de esto, y aunque no lo parezca, todo el mundo se deja influir por estas supersticiones, que afectan más de lo que uno piensa en nuestra vida real y yo creo que no deberían.
Lo que ocurre con estos convencimientos es que la gente se ve influida por la connotación que tienen, a pesar de que ellos estén totalmente convencidos de que no les va a aportar nada ni de bueno ni de malo.
Un ejemplo claro de esta influencia se puede apreciar cuando una persona encuentra un trébol de cuatro hojas. A pesar de ser, como en mi caso, contrario a estas supersticiones, uno recoge el trébol y espera que éste le traiga suerte.
Lo peor de este comportamiento no es el hecho de recogerlo, sino el hecho de después atribuirle cualquier pequeña suerte a su encuentro. Con esto quiero decir que la gente cuando se encuentra frente a una superstición se pone del punto de vista de ésta y de esta forma le atribuye cualquier suerte o infortunio.
Creo que esto último es muy fácil de apreciar, y es una de las razones más claras de lo supersticiosas que somos las personas aún contra nuestra voluntad.

Es por todo lo expuesto arriba que creo que hoy en día no tiene sentido ser supersticioso ya que ni la ciencia ni los hechos lo prueban y solo creo que sirven para excusarse de posibles conductas, falta de aptitudes por parte de las personas y en general justificación a todos los problemas.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Voltaire ya enunció que la superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía: la hija idiota o enojada de una madre sabia. Advertía también que estas dos hijas proliferan en tiempos de confusión igual que en tiempos de carencia proliferan los falsificadores de billetes.

Las supersticiones son universales y como decía Voltaire una alternativa sin mandamases a la religión e incluso a la ciencia. Sus frutos son de dos sabores; uno de verosímil, mas sin poder ser corroborado por el método hipotético deductivo: las pseudociencias y otro, más insustancial, cómo el contado dentro la creencia popular, ésos generadores de desgracia, cautivadores de la suerte, augures del futuro…

Es curioso lo que nos muestra el informe que llevó a cabo el Centro de Estudios de la Realidad Social de la Universidad Abat Oliva. En ello, se apreciaba la secularización para terminar cayendo en otro dogma, la superstición. Lo más pasmoso: el sujeto eran los universitarios, mentes pensantes capaces de relacionar una causa con un efecto racionalmente. Estos seguidores de la hija alocada creen en ella encontrar el orden, vencer el descontrol con amuletos, rezos, conjuros ...Con este fin, no es insólito que la superstición haya llegado a nuestros días como una pseudoreligión, arraigada en un pueblo, que en su faceta más ingenua, junto a elementos mágicos, lo ha convertido en cultura popular, cómo en la literatura popular donde la mezcla de devoción y superstición se hallaba en el tema hagiográfico, vidas de santos, los milagros… Cabe resaltar que la religión también surge de simples supersticiones.

En cierta medida, la superstición es antídoto contra la inseguridad y creencia digna de conocimiento, aunque en abundancia, perjudicial para la ciencia y la sociedad; una añeja religión del secular.

Suele ser habitual en una cultura que exista la creencia de que hay elementos cotidianos que deciden la fortuna que va a tener una persona: La creencia de que siete años de mala suerte esperan a quien rompa un espejo, por ejemplo; no posee, por si misma, ningún argumento racional que la sustente y, aún así, estoy convencido de que más de un científico, paradigma del positivismo, se guardaría de romper uno. MI pregunta es: ¿Por qué?. ¿Por qué somos esclavos de creencias que sabemos que carecen de argumentos racionales? La respuesta no es hallable mediante el uso de las ciencias, sino mediante el raciocinio que conlleva hacer un exhaustivo análisis de las culturas en que se han educado las personas. Solo así se puede llegar a entender esos comportamientos. En una sociedad tan individualista como la nuestra, se infravalora la influencia que ejercen sobre nosotros los valores en que nos educaron. Me refiero con eso a, gente que, en su gran mayoría, fueron educados con estrictas reglas morales católicas, donde el futuro está sujeto a la voluntad de Dios, pero han abandonado dichas creencias y no han trasmitido esa moral a sus hijos. Esta es la generación de los que creen sin creer, de quienes ven contrapuesta la tradición, formada por hechos sobrenaturales, con la ciencia, que busca una explicación racional para cada cosa. Veamos un ejemplo que tomo prestado pero modificado del libro de Karchcard y Klein: Si una persona dice que se le ha aparecido la Virgen del Rocío, descendiendo del cielo con un rayo de luz, y que le ha contado que en el cielo hay jacuzzis de agua caliente; Qué es más probable: Que la Virgen del Rocío haya desafiado todas las leyes de Newton descendiendo y luego volviendo al cielo y que ahí se hayan desarrollado técnicas constructivas que garanticen el bienestar de sus habitantes, o que la persona que lo cuenta esté como un cencerro? Haciendo un uso racional de los conocimientos, no sería desacertado apuntar a la opción B, pero no todo es tan sencillo como parece. Pues hay quien, por educación, tradición o ignorancia creen en los milagros. Este ejemplo sería extrapolable a quienes creen en la magia, ya sea con cartas, a partir de la quiromancia, o mediante el uso de varitas mágicas capaces de convertir agua en vino. Si estas personas se empeñan en la certeza de dichas artes porque a ellos les ha funcionado, quién les puede negar que eso sea cierto? La verdad es algo que no pertenece a nadie, y no hay ignorante mayor que quien se cree poseedor absoluto de esa. Así, aunque desde una visión empírica de las cosas es innegable la falsedad de dichas creencias, ¿acaso no hay otras cosas irracionales en el mundo que aún así nadie cuestiona?
En conclusión, el avance científico conlleva un proceso de lógico abandono de las creencias irracionales, pero pienso que si hay gente a quien dichas creencias hacen que encuentren un sentido de la existencia, ¿quiénes son el resto de los mortales para negarles su verdad?

Me lo tomo con filosofía

¿Porque los gatos negros se relacionan con el hado? ¿Porque no podemos cruzar una escalera abierta, o apoyada contra una pared? ¿Porque está mal visto derramar la sal? ¿Porque nos aterra el número trece? ¿Porque en castellano se toca madera, y en catalán, tradicionalmente, se toca hierro para protegerse de los males y los infortunios de la vida?¿Porque el novio no puede ver a la novia vestida de blanco (o negro) antes de casar-se? Todas estas supersticiones son creencias de que los individuos pueden alterar el destino o la suerte propia, o la de otras personas. La mayoría guardan relación con un Dios todopoderoso, a la existencia del cual, por no haberse decidido a hacer acto de presencia, se le concede el beneficio de la duda.
No voy a entrar en discusiones filosóficas sobre la predestinación o el libre albedrío, es decir, no deseo discernir sobre la existencia del destino y del futuro preestablecido por fuerzas superiores a nosotros, ya que eso se viene haciendo desde el nacimiento del pensamiento racional humano y todavía no se ha llegado a ninguna prueba concluyente. No obstante, si pretendo falsear estas creencias que carecen de fundamento científico, ya que en pleno siglo veintiuno, mantener cualquier tipo de argumento sobre la realidad sin basarse en la ciencia es considerado insultante para nuestra avanzada civilización.
Mi principal argumento será, por tanto, su origen místico alejado de la realidad tangible y física. Por ejemplo, pasar debajo de una escalera trae mala suerte porque se relaciona con atentar contra el dogma de la trinidad cristiana, ya que la escalera forma un triangulo (representación de la Trinidad) con el suelo, además de ser considerada una puerta al mundo de los espíritus. No obstante, eso no se sostiene por ningún lado, ya que las puertas a otros mundos y los dogmas católicos sin inconcebibles desde un punto físico, y poco probables basándonos en las argumentaciones racionales.
También creemos que derramar sal trae mala suerte. El origen de este miedo parece ser, otra vez, divino, pero realmente, proviene de la mitificación que en la época de los romanos se genero alrededor de la sal. Una creencia popular decía que después de que el Imperio Romano conquistara Cartago, este territorio quedo totalmente destruido por el efecto misterioso de la sal derramada por los soldados en los campos. Lo que no se sabia en esa época, es que la sal dejaba infértiles los campos debido a los problemas que el exceso de sales minerales causan en el crecimiento de las plantas, y no debido a razones divinas. Además, la sal era un popular medio de pago en la antigüedad, de ahí proviene salario, por lo que derramar-la era considerado un desprecio hacia el dinero.
Otro fuerte argumento me llegó, precisamente, de la iglesia católica. Hace unos días, en un monasterio nos explicó un guía como los personajes con intenciones oscuras y malvadas se identifican en los retablos e imágenes de las iglesias: se sientan todos con las piernas cruzadas. De ahí nació el gesto de cruzar los dedos para pedir suerte. Los cristianos lo copiaron de tradiciones ancestrales, ya que desde muy antiguo existía la creencia de se evitaba así la mala suerte, quizás por la antigua convicción de que en la intersección de dos líneas o caminos quedaba atrapada la suerte y decidido el futuro, dependiendo de qué camino se tomara o de qué alternativa se eligiese y de la fortuna con que se contara en tal elección. Otra alusión al destino.
El ejemplo funciona muy bien para afirmar que todas las supersticiones actuales provienen de antiguas creencias, y en ningún caso, del establecimiento de leyes a partir de la repetición de hechos. Es decir, actualmente, un amplio sector de la sociedad cree que estas supersticiones son ciertas ya que en su vida cotidiana comprueba que después de que suceda un acto de mal fario, aparecen sus consecuencias.
Llegado este punto, es necesario comparar-lo con la ley de Mourphy, principio iniciado por el científico Edward Aloysius Murphy durante un experimento para las fuerzas armadas de EEUU. Todos conocemos la frase central de esta serie de leyes: “Si algo puede salir mal, saldrá mal... y en el peor momento posible.” Sus versiones y ampliaciones, como la de la tostada untada de mermelada, nos dejan claro que como más se piensa en que te pasará algo malo, más se fija uno cuando le pasa. Es decir, es el principio de la enfatización de lo negativo: nos fijamos más cuando la tostada cae del lado del que está untada porque provoca un desastre en el suelo, que se deberá limpiar, en cambio, cada vez que la tostada cae del lado no untado no nos fijamos porque no acarrea consecuencias. Cada vez que nos parece que un fenómeno relacionado con una superstición se repite, es porque estamos más atentos y mas receptivos frente a lo que nos sucede.
Científicamente, las tostadas tienen más probabilidad de caer del lado untado por cuestiones meramente físicas, ya que por la altura de la mesa, cuando una tostada cae tiene tiempo para dar media vuelta, pero no entera. De todas formas, hay tantos factores físicos que condicionan este fenómeno, de la misma forma que lo hacen sobre todos los fenómenos supersticiosos, que establecer una norma es absurdo, porque las acciones que suceden en la realidad no son uniformes, cada suceso es diferente.
Pero de la misma forma que las leyes de Mourphy son populares por el gran número de extensiones humorísticas que se han hecho de ellas («La probabilidad de que una rebanada de pan untada de mantequilla caiga con el lado de la mantequilla hacia abajo, es proporcional al precio de la alfombra» o “La urgencia de orinar es directamente proporcional a la distancia al inodoro”), deberíamos tomarnos las supersticiones como un mero divertimiento.
No obstante, y ya para acabar, las supersticiones forman parte de la lengua y la cultura de los pueblos, de la misma forma que lo son las tradiciones y las fiestas nacionales, y por tanto, deben ser conservadas y recordadas, no como un mecanismo de distraer al pueblo, sino como una creencia transmitida y transformada de generación en generación, a la que se le debe dar importancia (que no credibilidad).
En conclusión, el hecho que más guía nuestro destino hacia la adversidad, es creer que el destino existe y preocuparse por ello.